Hace un año subí a una nave espacial donde, a diferencia del libro de Antoine Saint de Exupery, fue la Rosa la que dejó al Principito.
Esta Rosa en viaje ha conocido tantos planetas como la nave espacial le ha podido llevar, ha visto tantos amaneceres y atardeceres en un día de acuerdo a la necesidad que ha tenido en seguir al sol.
Conoció a un zorro que quería ser domesticado, pero le enseñó a ser querido por sus cualidades y la rosa, también, aprendió.
En este largo viaje, los aprendizajes han sido muchos, por ejemplo querer la vida, disfrutar del mundo y sus detalles, mirar a los ojos con la transparencia de una pequeña y a decir "te quiero" sin pudor.
Compartir este viaje con tantos personajes dejados a la partida y con tantos conocidos en el andar me alegra y me desafia a seguir... "adelante con todas las fuezas de la historia"
Subcomandanta en el Autoexilio